Uzbekistán: cómo se construye una potencia mundial del ajedrez

Hay países con cientos de millones de habitantes y una enorme tradición deportiva. Y después está Uzbekistán.

Con una población de alrededor de 38 millones de habitantes, el país centroasiático acaba de conquistar en Samarcanda su segundo oro olímpico en ajedrez, después del conseguido en Chennai en 2022. En apenas cuatro años, Uzbekistán ha pasado de ser una selección joven y emergente a consolidarse como una de las grandes potencias del ajedrez mundial.

Pero el éxito uzbeko no parece responder a una casualidad ni a la aparición aislada de uno o dos talentos excepcionales. Detrás existe un proyecto de desarrollo del ajedrez que comenzó a adquirir una estructura mucho más ambiciosa a partir de 2021.


Un proyecto desde la escuela

El 14 de enero de 2021, el Gobierno de Uzbekistán aprobó un programa estatal destinado a desarrollar y popularizar el ajedrez y, al mismo tiempo, mejorar el sistema de formación de jugadores.

El objetivo era explícito: convertir el ajedrez en una actividad de masas, crear un sistema para detectar y seleccionar a los jóvenes con mayor talento y preparar a esos jugadores para convertirse en profesionales y grandes maestros. El programa también incluía mejorar las condiciones de trabajo de entrenadores y crear una auténtica escuela de ajedrez uzbeka.

Una de las medidas más llamativas fue llevar el ajedrez a 1.000 colegios. Desde el curso 2021/22 se estableció un programa de 18 horas para alumnos de segundo, tercero y cuarto de Primaria, acompañado de material específico: tableros, piezas, relojes y recursos didácticos.

El Estado llegó a contemplar hasta 10.000 millones de soms para equipar esos centros y otros programas de enseñanza. Además, se planteó la especialización de otros 150 colegios y la creación de 25 escuelas y clubes de ajedrez mediante colaboración público-privada.

Pero hay un aspecto especialmente interesante: el programa no se quedaba en enseñar a jugar.

También establecía formación y reciclaje para los profesores, competiciones escolares y nacionales, participación de grandes maestros y entrenadores titulados en actividades educativas y un sistema de detección de jóvenes con especial talento.

La idea era crear un recorrido: introducir el ajedrez, descubrir talento, formarlo y ofrecerle una vía para llegar al alto nivel.

De la popularización a la alta competición

Cinco años después, las cifras muestran hasta qué punto se ha extendido el proyecto.

Durante el FIDE Summit sobre Ajedrez en la Educación celebrado en Samarcanda en septiembre de 2026, el viceministro uzbeko de Educación presentó datos según los cuales más de 100.000 estudiantes participan actualmente en clubes de ajedrez, entre ellos unas 70.000 niñas.

Además, existen clases especializadas de ajedrez en más de 100 colegios y, desde 2024, el país organiza anualmente un campeonato para niños de entre cinco y siete años.

Esto permite entender mejor el modelo: el ajedrez no se plantea únicamente como una actividad extraescolar para unos pocos aficionados. Se intenta crear una estructura continua en la que un niño pueda descubrir el juego en edades tempranas, competir, ser identificado por sus resultados y, si demuestra condiciones, acceder posteriormente a una preparación más especializada.

Los resultados han llegado

La evolución deportiva ha sido extraordinaria.

En 2022, Uzbekistán ganó por primera vez la sección abierta de la Olimpiada de Ajedrez en Chennai. Cuatro años después, jugando además en casa, volvió a conquistar el oro en Samarcanda.

En la edición de 2026 derrotó a Ucrania por 2,5-1,5 en la última ronda para asegurar el título. India terminó segunda y Alemania tercera.

Pero hay otro dato que resume perfectamente la profundidad de esta generación.

Nodirbek Abdusattorov ganó la medalla de oro individual en el primer tablero, con un espectacular rendimiento de 2.869 puntos Elo durante la competición.

No estamos, por tanto, únicamente ante un equipo que consigue un buen resultado colectivo. Uzbekistán está produciendo jugadores capaces de competir individualmente al máximo nivel.

El propio Abdusattorov ya había formado parte del equipo campeón olímpico de Chennai y continúa siendo una de las grandes referencias del ajedrez uzbeko.

Y ahora aparece Sindarov

La historia tiene todavía otro capítulo.

Javokhir Sindarov, también uzbeko, ganó el Candidatos de 2026 y se convirtió en el retador del actual campeón mundial, el indio Gukesh Dommaraju.

El enfrentamiento por el Campeonato del Mundo está previsto para noviembre y será uno de los grandes acontecimientos del calendario ajedrecístico internacional. FIDE ya ha confirmado a Gukesh como campeón vigente y a Sindarov como aspirante.

De esta manera, el proyecto uzbeko puede llegar a uno de sus momentos más importantes: después de conquistar dos Olimpiadas en cuatro años, uno de sus jóvenes grandes maestros se dispone a disputar el título mundial.

¿Cuál es realmente la lección?

Quizá lo más interesante del caso de Uzbekistán no sea simplemente que haya conseguido ganar dos Olimpiadas.

Lo verdaderamente interesante es el proceso.

El país decidió que el ajedrez debía tener una presencia amplia en las escuelas. Invirtió en material y formación. Estableció competiciones. Creó mecanismos para detectar talento. Impulsó entrenadores y centros especializados. Y trató de conectar la práctica masiva con la formación de jugadores de alto nivel.

No significa que todo el éxito deportivo pueda atribuirse exclusivamente a ese programa. El ajedrez uzbeko ya contaba con tradición, jugadores fuertes, entrenadores y una generación de enorme talento. Pero sí resulta difícil ignorar la coincidencia entre una política de desarrollo estructurada y la extraordinaria evolución de sus resultados internacionales.

En 2026, Uzbekistán ya no es una sorpresa.

Es campeón olímpico.

Tiene a Abdusattorov como campeón individual del primer tablero.

Tiene a Sindarov preparando un Campeonato del Mundo.

Y tiene a más de 100.000 estudiantes participando en clubes de ajedrez.

La conclusión más sencilla quizá sea también la más interesante:

los grandes campeones pueden parecer fenómenos individuales, pero detrás de muchas generaciones de éxito existe una estructura que los ayuda a aparecer.

Uzbekistán ha decidido construir esa estructura.

Y el tablero internacional está empezando a mostrar sus resultados.

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