Hay días en los que uno termina cansado, pero con una sensación difícil de explicar.
Hoy ha sido uno de esos días.
Este domingo por la mañana hemos estado en la Calle Mayor de Las Arenas, dentro de las actividades de la Semana Europea de la Movilidad, llevando el ajedrez a la calle con Dama Gaztea Xake Kluba.
Y mientras veía cómo se acercaban las familias, cómo los niños se sentaban delante de los tableros, cómo algunos padres se animaban a jugar y cómo personas que simplemente pasaban por allí terminaban interesándose por lo que estábamos haciendo, no podía evitar pensar en todo el camino recorrido.
Llevo alrededor de 30 años vinculado al ajedrez.
Treinta años jugando, aprendiendo, compitiendo, dando clases, preparando alumnos, organizando actividades y compartiendo con muchísimas personas todo lo que este deporte me ha enseñado.
He vivido el ajedrez desde muchos lugares diferentes. He estado delante y detrás del tablero, en torneos, en aulas, en clubes, en colegios y en muchas situaciones que forman parte de la vida de un ajedrecista.
Pero hay algo que sigue emocionándome especialmente: ver a alguien descubrir el ajedrez por primera vez.
Y hoy he vuelto a sentirlo.
Porque detrás de cada niño que se sentaba a jugar había una historia. Una familia que había decidido acercarse. Un padre o una madre que quizá quería descubrir qué es eso que tanto le gusta a su hijo. Un niño que veía un tablero y quería probar. Una persona que pasaba por la calle y terminaba quedándose unos minutos.
Y entonces te das cuenta de que el ajedrez tiene algo que va mucho más allá de ganar o perder una partida.
Une generaciones.
Hace que dos personas que no se conocen se sienten frente a frente.
Obliga a pensar, a esperar, a respetar al contrario y a aceptar que unas veces ganas y otras veces pierdes.
Y también crea recuerdos.
Para mí, Dama Gaztea representa precisamente eso.
Es un proyecto que estamos construyendo poco a poco, con muchísimo esfuerzo, con ilusión y también con muchas horas que no siempre se ven. Un proyecto que quiere llevar el ajedrez a los colegios, a las aulas, a los clubes, a los bares, a las plazas y a las calles.
Y ver hoy toda esa gente alrededor de nuestros tableros me hace pensar que estamos construyendo algo que merece la pena.
Quizá porque después de 30 años sigo teniendo la misma ilusión cuando veo una partida comenzar.
Quizá porque sigo creyendo que el ajedrez puede ayudar a formar personas, no solamente jugadores.
O quizá simplemente porque me sigue emocionando ver a un niño tocar por primera vez una pieza de ajedrez y preguntarse qué puede hacer con ella.
Hoy hemos llenado una parte de Las Arenas de tableros, piezas y partidas.
Pero, sobre todo, hemos llenado la calle de personas.
Y eso es lo que más me llevo de esta mañana.
Gracias a todas las familias, niños, jóvenes y adultos que os habéis acercado. Gracias por jugar, por preguntar, por acompañarnos y por confiar en este proyecto.
Después de 30 años, sigo sintiendo que todavía queda muchísimo ajedrez por jugar.
Y ahora, además, tengo la suerte de poder construir este camino con Dama Gaztea.
Eso, para mí, vale muchísimo.

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